El trauma del regreso: supervivientes del terremoto luchan contra el miedo a sus hogares

Semanas después del terremoto de magnitud 7,4 que golpeó occidente de Colombia, sobrevivientes sufren de ansiedad severa y temen regresar a sus hogares aunque estructuralmente sean seguros, según describen expertos en salud mental.

Por El Medio Oriente
18 de agosto de 2026
Una habitación abarrotada con muebles, cajas y pertenencias apiladas, incluyendo sillas tapizadas de color marrón, bolsas de plástico negro y diversos artículos domésticos, con una persona sentada entre los objetos.
Semanas después del terremoto, una persona se sienta entre sus pertenencias embaladas en una habitación improvisada, reflejando las dificultades de los sobrevivientes para reanudar sus vidas cotidianas y la incertidumbre sobre cuándo podrán regresar a sus hogares. (La Patilla)
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Stella Cifuentes no ha vuelto a dormir tranquila desde el lunes cuando un terremoto sacudió su ciudad en el suroccidente colombiano. Desde ese día ha necesitado medicamentos para conciliar el sueño, aterrada de que si se duerme no podrá reaccionar cuando comience a temblar nuevamente. Cada noche se despierta una y otra vez, con imágenes de los tres o cuatro minutos eternos de la mañana del 10 de agosto, cuando su casa se sacudió violentamente y ella, de 64 años, abrazó a su madre de 84.

Cifuentes vive en un apartamento en Caicedonia, un pueblo de 30.000 habitantes en el Eje Cafetero cercano a Armenia, una de las regiones más afectadas por el terremoto de magnitud 7,4. Aunque su edificio, construido hace apenas un año, se mantuvo estructuralmente firme, ella no ha pasado una noche allí desde el sismo mientras espera inspección de expertos. Ha regresado solo un par de veces para recoger pertenencias, pero el miedo la invade y busca salir lo antes posible. Temporalmente alojada en la casa de familiares, Cifuentes aún permanece en alerta: ahora duerme con la puerta del dormitorio abierta, algo que nunca hacía, porque teme no poder abrirla en caso de evacuar.

Pamela Londoño, asesora global de salud mental de Project HOPE, una organización humanitaria que atiende la emergencia, explicó que este comportamiento de hipervigilancia es la respuesta natural del cuerpo ante una situación de estrés agudo. Las personas quedan en estado de alerta constante y experimentan flashbacks que las hacen sentir que reviven el terremoto, aunque la situación ya haya pasado, según indicó. Seis días después del sismo, la cifra de fallecidos superaba los 280, según registros oficiales.

Bachir Carrillo, de 42 años, vive en Cali, una de las ciudades más devastadas con aproximadamente cien muertos. Aunque técnicos inspeccionaron su apartamento en segundo piso y determinaron que es habitable, Carrillo no confía en ese veredicto. Ha estado durmiendo en la zona verde de su edificio, bajando cada noche con vecinos e inventando pretextos para no subir hasta pasadas las dos o tres de la madrugada. Cuando finalmente sube a dormir, se viste completamente, guarda su billetera y medicamentos para el corazón en bolsillos, y deja zapatos y llaves listos. Ya busca mudarse a una habitación en una casa unifamiliar. "Le queda a uno ese temor que vuelva a pasar y que esta vez sí no se salve uno", dijo Carrillo, quien prefirió no ver a su hijo este fin de semana hasta mudarse a un nuevo lugar.

Mateo Yepes, de 30 años, estaba en el quinto piso de su apartamento en Pereira cuando el terremoto golpeó. Mientras conversaba con su madre, la edificación comenzó a sacudirse. Él le pidió que se acostara en el piso mientras él hacía lo mismo al otro lado de la cama. Todo se desplomó, las paredes se desprendieron. A través de la cama, madre e hijo se despidieron. Cuando el piso se vino abajo, quedaron atrapados bajo los escombros del quinto piso convertido en tierra firme. Un muro aprisionaba a Yepes contra su pecho, sin poder hablar ni respirar, hasta que obreros de una construcción cercana los rescataron. Yepes sufrió fractura en el fémur y una mano; su madre salió ilesa.

Hospitalizado en Manizales para múltiples cirugías, Yepes permanece sin paz. Continúa escuchando en su mente el sonido de las paredes desprendiéndose y ve repetidamente a su madre despidiéndose de él a través de la cama. En la camilla del hospital, calcula constantemente qué podría caerle encima si volviera a temblar. No logra conciliar el sueño ni descansar.

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