Los refugios de montaña en el Pirineo catalán atraviesan un momento de auge sin precedentes. En los 13 refugios gestionados por la Federación de Entidades Excursionistas de Catalunya (FEEC), las pernoctaciones pasaron de 22.057 en 2019 a 24.000 en 2025, después de caer a 12.300 durante la pandemia de covid. Los datos señalan un crecimiento sostenido, aunque desigual según el refugio y su ubicación.
La demanda se concentra especialmente en refugios integrados en grandes travesías como Carros de Foc o en los pies de la Pica d'Estats, donde es necesario reservar plaza con semanas o incluso meses de antelación. Marinella Mosquera, responsable de Cavalls del Vent, una de las travesías más populares del Pirineo catalán, explicó que "hemos pasado de un perfil muy montañero a un público mucho más generalista. Hoy la gente busca vivir una experiencia". El perfil de quienes acceden a la alta montaña ha cambiado radicalmente: en los últimos años han entrado con fuerza las mujeres, extranjeros, familias y personas sin experiencia previa.
Quienes se escapan a la montaña buscan diversos aspectos. Moshe Mizhari, fundador de Yépalo, una comunidad que organiza salidas de senderismo desde Barcelona, afirmó que sus participantes buscan "un paréntesis de su día a día; un reto físico y compartir con más gente". En una sociedad hiperconectada e hiperestimulada, la montaña ofrece silencio, tiempo y una conexión genuina con otras personas. Yamila, una psicóloga argentina instalada en Barcelona, subrayó otro aspecto: "En la montaña a nadie le importa cuál es tu trabajo o tu estatus. Todos estamos cansados, todos llevamos una mochila y todos somos iguales".
Los motivos trascienden la búsqueda de desconexión. Jordi Miquel Torres Muñoz, de 52 años, señaló que no va a la montaña "para desconectar; voy para ordenar la cabeza". "Al quitarle a la mente todos los estímulos constantes de la ciudad, lo único que queda es el camino y tus propios pensamientos", agregó. Narcís Francàs, excursionista desde los ocho años, explicó que la montaña ofrece "un campo de experimentación del entorno y de mi propio cuerpo" donde pone "a prueba" sus capacidades físicas e intelectuales.
El atractivo también responde a factores prácticos. Algunos visitantes buscan escapar de las olas de calor extremo del verano y de destinos costeros cada vez más masificados y caros. Miquel Sánchez Murcia, guardián del refugio Ventosa i Calvell desde 1982, ha presenciado la transformación de quienes visitan la alta montaña durante más de cuatro décadas, pasando de montañeros experimentados y federados a un público heterogéneo en busca de experiencias.
