Santo Antão, isla del archipiélago de Cabo Verde, representa la cara más espectacular y menos conocida del territorio. Montañas volcánicas cubiertas de vegetación, profundos barrancos y pequeños pueblos agrícolas convierten la isla en uno de los mejores destinos africanos para practicar senderismo.
Los caminos tradicionales comunican aldeas donde la vida apenas ha cambiado en décadas. Las terrazas de cultivo producen café, caña de azúcar, mangos y papayas, mientras que los pescadores siguen faenando en el Atlántico con embarcaciones de pequeño tamaño.
Uno de los mayores placeres consiste en terminar una caminata degustando cachupa, el plato nacional caboverdiano, elaborado con maíz, alubias y carne o pescado, acompañado de un vaso de grogue, el potente aguardiente de caña producido artesanalmente en la isla.
Santo Tomé y Príncipe, diminuto país insular del golfo de Guinea, sigue siendo uno de los secretos mejor guardados del África tropical. La isla principal combina selvas exuberantes, antiguas plantaciones coloniales de cacao conocidas como "roças", cascadas escondidas y playas donde apenas se cruzan unos pocos viajeros.
Los amantes de la naturaleza encuentran aquí oportunidades para observar aves endémicas, recorrer senderos entre bosques primarios o ascender hasta la cima del pico Cão Grande, una impresionante aguja volcánica que emerge de la selva. La historia del cacao está muy presente en la identidad local y muchas antiguas haciendas permiten conocer todo el proceso de elaboración del chocolate, mientras que la gastronomía local destaca por pescado fresco, pulpo, pan de fruta, café cultivado en la propia isla y chocolates artesanales.



