Un ensayo publicado esta semana compara la protección solar obtenida en condiciones de uso cotidiano con la medida en laboratorio, y encuentra una diferencia atribuible casi por completo a la cantidad aplicada.
Los participantes aplicaron de media menos de la mitad de la cantidad utilizada en los ensayos que determinan el factor declarado en el envase, lo que reduce la protección efectiva de forma no lineal.
Los autores señalan que la reaplicación tras dos horas corrige parcialmente el déficit, pero que la zona de mayor error sistemático son las orejas, el cuello y el dorso de las manos.
El estudio recomienda que las indicaciones de uso incluyan una referencia de cantidad fácil de medir, en lugar de la formulación actual basada en miligramos por centímetro cuadrado.