Una biblioteca municipal recibió por correo un libro prestado hace cuarenta y dos años, acompañado de una nota anónima que pedía disculpas por el retraso.
El personal comprobó que el ejemplar conserva la ficha de préstamo original, un formato en cartulina retirado del sistema cuando la biblioteca informatizó su catálogo.
La dirección aclaró que no hay multa que cobrar: la política de sanciones por demora se suprimió en los años noventa, y en cualquier caso el registro del préstamo no figura en la base de datos actual.
La biblioteca anunció que expondrá la ficha junto al libro durante un mes, y aprovechó para recordar que mantiene una amnistía permanente para devoluciones tardías.