Un estudio reciente identificó una concentración promedio de 0,25 partículas por litro de microplásticos en las aguas del lago Prato, ubicado en el Parque Nacional Anavilhanas, en el estado de Amazonas. Aproximadamente ocho de cada diez peces analizados contenían microplásticos, con un promedio de 3,3 partículas por individuo, pese a vivir en un área protegida alejada de centros urbanos.
Adalberto Val, biólogo del Instituto Nacional de Investigaciones Amazónicas y coautor del estudio, afirmó que "como resultado de la compleja interconexión entre los ecosistemas acuáticos de la Amazonía, el plástico se encuentra incluso en los lugares más remotos". Las partículas encontradas consistían principalmente en filamentos de poliamida —nailon— junto con fragmentos de PET provenientes de ropa, redes de pesca abandonadas, envases y botellas.
El material ingresa al ambiente tras su uso en ciudades y embarcaciones, descomponiéndose en fragmentos que luego son transportados a otros cuerpos de agua por la lluvia, arroyos forestales conocidos como igarapés y ríos. Durante las crecidas estacionales, el aumento del nivel del agua conecta riberas, bosques, canales y lagos, distribuyendo estas partículas incluso en zonas remotas como el lago Prato.
Un investigador independiente halló concentraciones de 5 a 8 partículas por metro cúbico en Anavilhanas. Andreu Rico señaló que estas concentraciones "son menores que las encontradas en ciudades amazónicas y no representan un riesgo de intoxicación para los animales", pero agregó que "demuestran cómo los plásticos viajan a través del agua o el aire y que hay microplásticos en cualquier muestra que se tome".
Los igarapés, que reciben directamente aguas residuales sin tratar y basura sin recolectar en ciudades como Manaos y Belém, presentan concentraciones de microplásticos cientos de veces mayores que el cauce principal del río Amazonas. En estos ambientes acuáticos pequeños, los microplásticos generan un grave estrés para los organismos que constituyen la base de los ecosistemas, incluidos los insectos acuáticos que descomponen la materia orgánica.
Un experimento con tricópteros amazónicos reveló altas tasas de mortalidad en insectos acuáticos tras 15 días de exposición a microplásticos. En una de las concentraciones analizadas, el 96 por ciento de los insectos murió. Renato Tavares Martins, investigador del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Adapta, afirmó que "la mortalidad aumenta aproximadamente siete veces en comparación con un entorno libre de contaminación".
Los insectos ingieren microplásticos al triturar hojas que caen sobre los igarapés contaminados. Muchas especies respiran mediante branquias externas que pueden obstruirse cuando el agua contaminada pasa sobre estas estructuras, reduciendo la capacidad respiratoria. Una vez ingeridos, los microplásticos pueden bloquear el tracto digestivo y acumularse en los órganos excretores.
Como estas larvas constituyen la base de la cadena alimentaria en los arroyos amazónicos, los insectos contaminados pueden transferir microplásticos a otros animales y ecosistemas terrestres. "Si un depredador, como un pez, come un insecto triturador, también ingerirá los microplásticos que contiene", explicó Tavares.
Los hongos conidiales que colonizan las hojas caídas en los arroyos también resultan afectados. En un experimento que combinó microplásticos con el calentamiento inducido por el cambio climático, estos organismos mostraron una disminución en la producción de esporas y una tasa de descomposición más lenta, comprometiendo aún más los procesos vitales del ecosistema acuático.
