Guinea-Bisáu afronta su primer brote de viruela del mono. Aunque los siete casos confirmados hasta el 17 de agosto corresponden a adultos, la mitad de los 46 casos sospechosos son menores de 15 años, y las autoridades sanitarias temen que deficiencias en la vigilancia dejen infecciones sin detectar.
De los 46 casos bajo sospecha, 23 corresponden a menores de 15 años. De estos, 16 tienen entre cero y cuatro años, un grupo que enfrenta mayor riesgo de complicaciones. Los siete casos confirmados fueron detectados desde la declaración del brote el 4 de julio: seis en el Sector Autónomo de Bissau y uno en la región de Biombo. Hasta la fecha no se han registrado muertes.
Sandra Martins, representante adjunta de UNICEF en el país, advirtió que el sistema de vigilancia sigue siendo "extremadamente frágil" y que existe riesgo de que casos estén pasando inadvertidos, particularmente entre los niños más vulnerables. Martins señaló que "esta es la primera vez que se notifican casos de mpox en Guinea-Bisáu, lo que convierte incluso un brote pequeño en un importante evento de salud pública".
Las autoridades expresan preocupación por el hecho de que los casos confirmados no parecen estar relacionados entre sí, lo que podría indicar cadenas de transmisión no detectadas. Persisten deficiencias importantes en la identificación de contactos, análisis de muestras y seguimiento de la propagación del virus. La reapertura de las escuelas en septiembre añade otra inquietud sobre posible aumento de transmisión entre niños.
UNICEF trabaja con el Ministerio de Salud Pública, la Organización Mundial de la Salud y otros socios para fortalecer vigilancia, rastreo de contactos y prevención. La agencia estima necesitar más de 150.000 dólares para intervenciones consideradas esenciales ante el brote. Martins indicó que "con detección temprana, atención y prevención, el mpox puede manejarse y su propagación puede reducirse".


