El propósito de la transpiración era un misterio en 1775, cuando el médico inglés Charles Brian Blagden y algunos amigos curiosos se sometieron a experimentos pasando tiempo en habitaciones calentadas a más de 230°F (110°C). Aunque las temperaturas eran lo suficientemente altas como para cocinar carne cruda colocada en esas salas, Blagden observó cómo los cuerpos humanos resistían el calor. Las temperaturas corporales centrales se mantenían prácticamente constantes mientras el sudor brotaba y se evaporaba.
La ciencia del sudor sigue revelando sorpresas, incluida cómo el aire quieto y seco dificulta la refrigeración
Investigaciones históricas y recientes demuestran que la sudoración es crucial para regular la temperatura corporal, aunque ciertos factores ambientales pueden interferir con este proceso natural.



