El regreso a clases tensiona los horarios de trabajadores con responsabilidades familiares

El inicio del ciclo escolar crea tensiones para millones de trabajadores que deben conciliar empleos con jornadas rígidas y las necesidades de cuidado de sus hijos.

Por El Medio Oriente
7 de septiembre de 2026
Una niña con una mochila de panda rosa camina frente a la entrada de una escuela mientras adultos y otros niños esperan en la puerta.
El regreso a clases genera desafíos logísticos para las familias trabajadoras que deben coordinar sus horarios laborales con las actividades escolares. Una niña llega a la escuela acompañada por familiares mientras se observa movimiento de estudiantes en la entrada de la institución educativa. (Expansión (MX))
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Aunque el regreso a clases parecería ser un asunto privado de las familias, tiene implicaciones directas para las empresas, ya que una buena parte de su personal tiene responsabilidades familiares que se ven afectadas por el inicio del ciclo escolar.

Aproximadamente la mitad de los trabajadores son padres y siete de cada 10 trabajadoras son madres, según cálculos con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Esta realidad sugiere que la mayoría de las personas colaboradoras enfrentan preocupaciones similares: gastos adicionales y la necesidad de encontrar arreglos que les permitan continuar trabajando.

El inicio del ciclo escolar requiere reacomodar una red de cuidados que permite que millones de madres y padres puedan trabajar. Las escuelas y centros de atención infantil son parte de esta infraestructura social que libera tiempo para quienes tienen responsabilidades de cuidado, como señaló el secretario Mario Delgado hace algunos meses.

Sin embargo, existe un desfase entre los horarios que ofrecen las escuelas y centros de cuidado infantil y lo que necesitan los trabajadores que desempeñan empleos con jornadas generalmente rígidas. En casos extremos, algunos trabajadores abandonan su empleo o buscan opciones diferentes para atender las necesidades familiares, una carga que recae desproporcionadamente en las mujeres, quienes dedican más del doble de horas que los hombres al trabajo de cuidado.

Cuando la situación no llega a extremos, muchas personas conservan su empleo pero atraviesan semanas particularmente complicadas mientras se acomodan los nuevos horarios y necesidades. Esto puede reducir el rendimiento laboral, aunque sea temporalmente. Además, el regreso a clases genera presión financiera considerable: uniformes, útiles escolares, colegiaturas, transporte y actividades representan gastos adicionales que se convierten en fuente de estrés para las personas trabajadoras.

Las empresas pueden tomar acciones para aliviar estas tensiones sin necesariamente incurrir en presupuestos elevados. Las opciones incluyen informar mejor a los empleados sobre los beneficios disponibles, hacer consideraciones al evaluar el desempeño durante esta época, y abrir canales de comunicación para detectar ajustes que la organización pudiera realizar a corto o mediano plazo.

Aunque las empresas no están destinadas a resolver los desafíos familiares de su personal, quienes buscan ofrecer condiciones de trabajo más humanas y empáticas pueden comenzar por reconocer que detrás de buena parte de los trabajadores existe una historia de cuidados. El regreso a clases ofrece una oportunidad para que las organizaciones revisen qué tan compatibles son sus condiciones laborales con la vida de las personas, lo que no es solo un gesto de empatía sino también una forma de mantener a empleados más enfocados, comprometidos y capaces de permanecer en sus puestos.

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