Científicos han debatido durante décadas cómo la deforestación, el cambio climático y los incendios transformarían la Amazonía y cuándo ocurriría esa transformación. Una serie de estudios publicados en 2026 aporta nuevas proyecciones sobre el futuro de la selva desde diferentes perspectivas.
Un estudio publicado en Nature en abril mostró que el Amazonas se recupera más rápido de lo esperado tras eventos extremos, aunque la recuperación completa de su biodiversidad toma más tiempo. Un análisis de PNAS publicado también en abril, basado en dos décadas de investigación, concluyó que el bosque es más resistente a los incendios de lo previsto y no muestra signos de transición a sabana. Sin embargo, los investigadores advirtieron que los nuevos ecosistemas surgidos del proceso de recuperación son más vulnerables a futuras perturbaciones climáticas.
En mayo, otro artículo en Nature examinó los impactos de la deforestación y concluyó que el aumento de sequías podría llevar al bioma a un punto de inflexión para 2040. Según Bernardo Flores, investigador forestal de la Universidad Federal de Santa Catarina y coautor del estudio de mayo, ese punto de inflexión existe por la interacción entre clima, cobertura arbórea y humedad, factores que la mayoría de los modelos no consideran completamente.
Flores afirmó que los principales factores de degradación —sequías, tala selectiva, fragmentación forestal e incendios— podrían significar que la región ya esté "al borde del punto de no retorno". El Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía registró una disminución del 74 por ciento en las precipitaciones durante los últimos 35 años hasta 2025. Desde la década de 1980, las temperaturas en la Amazonía han aumentado al doble de la tasa promedio mundial, incrementándose en 0,5 grados Celsius por década.
Luciana Gatti, investigadora principal de la agencia espacial brasileña, señaló que el clima amazónico ya ha cambiado lo suficiente como para que los árboles típicos de la selva tropical no encuentren las condiciones necesarias para sobrevivir. Explicó que aproximadamente la mitad de la lluvia en la Amazonía proviene de la transpiración de los árboles, por lo que menos bosques significa menos lluvia y más calor.
Los estudios de abril presentaron un escenario esperanzador sobre la capacidad de recuperación de la Amazonía, mostrando que el bosque se regenera más rápido y con mayor diversidad tras eventos extremos. Flores señaló que el análisis a gran escala de PNAS sobre los impactos del fuego es uno de los experimentos más importantes realizados sobre el tema, con resultados sorprendentes sobre resiliencia.
Sin embargo, Flores explicó que esa recuperación no refleja la salud general del bioma. Los bosques rebrotados son cada vez más inflamables y las especies que los componen tienden a ser generalistas de rápido crecimiento, reemplazando a los árboles especialistas resistentes al fuego. Larissa Amorim, ingeniera forestal de la organización brasileña de conservación Imazon, señaló que históricamente los incendios no formaban parte de la dinámica natural de la Amazonía, pero años consecutivos de sequía extrema han permitido que alcancen magnitudes sin precedentes.



